La situación es tensa. El Trono de
Hierro está siendo reclamado por 5 reyes autoproclamados. En el norte, Robb
Stark, Señor de Invernalia, se impone con su lobo huargo y una sensatez
avanzada para su edad. En el sur, Renly Baratheon, se escuda en su alianza con
Altojardín y Bastión de las tormentas, además de vanagloriarse con su carisma
para atraer a las masas. En el este, Stannis Baratheon, Señor de Rocadragón, se
cunde de ira y se ciega ante una deidad herética de luz. En el centro, Joffrey
Baratheon, guarnecido en su fortaleza y acorazado por todo el ejército de los
Lannister, se explaya en sus chiquilladas y caprichos. Por último, en el este,
los antiguos señores de Pyke se preparan para una invasión por mar,
aprovechándose de la confusión desatada. El juego continúa, ahora con las armas
y los escudos en ristre. ¡El choque está a la vuelta de la esquina!
A
ver: Juego de Tronos (el libro 1) es
un inmenso prólogo de más de 800 páginas. Un punto de partida que contextualiza
y sienta las bases de todo el galimatías que se avecina. Hasta ahí todo
perfecto, evidentemente prolijo… pero lo
acepto… y lo disfruto a decir verdad.
Ahora,
que Choque de reyes (el libro 2)
parta con más planteamientos y contextualizaciones… la verdad es que genera
desespero e irritación. Sé que era mucho pedir que iniciase con acción in-situ,
pero que la historia propiamente arranque apenas en la página 200, se me hace
excesivo y descarado por parte del autor.
Este
tomo es engañoso, porque la verdad es que el choque que promete desde el título
se hace desear… bastante. Uno esperaría que con 5 reyes disputándose el trono
espinoso de Poniente las trifulcas estarían a la orden del día, pero, a decir
verdad, no tenemos una batalla propiamente narrada sino hasta la página 744.
Es
más, en todo el libro hay 3 enfrentamientos importantes. De estos, solo se nos
narra 1. Los demás se desmenuzan de forma difusa a través del chismorreo de
personajes que estuvieron a cientos de leguas de distancia. Así es, más que una
novela de grescas militares, estamos ante una novela de política… algo con lo
que muchos se desilusionarán. Aclaro, no es que lo que se nos ofrezca a cambio
resulte poco interesante, TODO LO CONTRARIO, pero sí se echa en falta más
levantamiento en armas, es un choque después de todo. Y no se perdona que se
pase de largo sobre 2 batallas tan campantemente. ¡Muéstrame! ¡No me cuentes!
El escritor se guardó la gran y única apoteosis para el final.
A
la larga hay que entender que George R.R. Martin es un autor que caldea y
caldea las subtramas. Cuida con termómetro industrial que ningún arco de
personaje entre en hervor antes de tiempo. A regañadientes se debe aceptar que
es un movimiento intrigante e inteligente. El autor es el titiritero, el
maestro de ceremonia y te deja en claro que siempre va a ser así, y que esperar
ciertas lógicas o caminos argumentales es equivalente a errar. Todo es
increíblemente inesperado.
En
cuanto a redacción, es evidente que se aprecia una uniformidad clara, un tono
adulto y un estilo completamente definido. Lo que se nos había mostrado en el
primer volumen se afianza del todo. Debo resaltar dentro de esta escritura
pareja, cómo el autor se esmera en que cada capítulo se sienta distinto,
dependiendo el personaje que lo protagonice: prácticamente su personalidad
característica se permea a través de las letras. Esto es un elemento brutal y
sagaz, hace de la lectura algo más dinámica y atractiva. De esta manera,
sabemos que –por ejemplo- Davos se riega largo y tendido en la descripción de
los barcos y la náutica; Sansa y Daenerys prestan mucha más atención a los
vestidos, los caballos y las joyas; Jon es contemplativo en sus viajes; y
Tyrion posee los diálogos mejor elaborados e inteligentes.
Hay
2 nuevos personajes que se incorporan a la narrativa: Davos y Theon. Es
interesante conocer nuevos ángulos sobre la historia, no cabe duda. Con la
inclusión de Davos en el relato se nos permite contemplar el campo de batalla
desde el lado de Stannis, además se nos entrega un delicioso y genial
enfrentamiento bélico por mar. Theon por su parte, presenta toda la
idiosincrasia del reino salado y rocoso de los Greyjoy… yermo, fiero, bestial
(no muy de mi agrado, para ser sincero). Su arco personal, además, no está para
nada mal.
El
ritmo y desarrollo es lento y denso. El libro se explaya en muchos pasajes y se
toma mucho tiempo en marchar. Esto hace dar la sensación de que la historia no
avanza demasiado, mas no se debe pensar que se ha estancado (al menos no al
100%). Hay que tener en cuenta, como ya lo señalé previamente, que hablamos de
un conflicto político… así que todo
se presta para análisis de estrategias y la ponderación de cada nuevo acto es
minuciosa, porque un error en falso repercutiría en la caída de alguno de los
reyes que se baten por el trono. Hay un juego de ajedrez muy tenso en todo
momento.
De
nuevo, Martin trabaja ollas a presión que hierven a fuego lento, y seguramente
será delirante en el momento en el que estallen. Hay que ser pacientes.
Ahora.
Esta parsimonia creo que afecta por sobre los demás a 2 personajes en
específico.
- Daenerys, quien no tiene mucho que contar; su posición dentro de la historia principal es un reflejo de su posición geo-espacial. Apartada e impotente por sus propios recursos. Sin embargo, sus dragones están creciendo… y esto implícitamente afecta lo que ocurre en Poniente: la magia está regresando al mundo. No importa lo desconectada que pueda llegar a sentirse con la trama principal en comparación a los demás personajes, los capítulos protagonizados por Daenerys nos ofrecen un descanso en la lectura, un recorrido a través de lo exótico, lo diferente y lo místico. Encuentro esto demasiado enriquecedor y disfrutable.
- Jon. Con este personaje sí que hay problemas. No hace nada más allá de caminar. ‘#JonElExplorador’ nos entrega capítulos aburridos y cuyo aporte a la trama es nulo. Mi problema no es que todo se resuma en un trasegar contemplativo (que de hecho me recuerda bastante a La comunidad del anillo), sino que ni siquiera resulta mínimamente interesante. Me parece absurdo que Bran, aun siendo un tullido confinado a la seguridad de los muros de Invernalia, tenga más qué decir y mostrar en sus capítulos que un explorador adiestrado y hábil en un terreno hostil. Si hay algo estancado en este tomo, no me cabe duda que es Jon.
El
autor, como ya lo sugerí más arriba, empieza a utilizar en ciertas ocasiones el
chisme o los rumores como herramienta narrativa (vale, en realidad desde la
primera entrega ya veíamos aplicación de esto). Los personajes se enteran de lo
que ocurre en parajes absurdamente alejados a partir de lo que las malas
lenguas (y las inexactitudes), pueden diseminar. Todo normal hasta ahí. ¿Pero
qué pasa cuando deliberadamente se extiende un rumor falso? ¡Ajá, aparece cierto
picante! Martin propone eso para este libro, y la verdad es que la jugada le
sale bastante bien, porque siembra un misterio por allá en el tercer acto que
hace que aferremos nuestras corneas
hasta la última página para saber qué es lo que en realidad pasa. ¡Bravo! Esto
es empezar a expandir los límites de tus opciones y herramientas como escritor.
Algo que resulta bastante provechoso para los personajes (porque los hace
crecer y les plantea situaciones terribles, independientemente de que sean
falsas) y para los lectores (porque también son presas de la mentira y de una
manipulación emocional llevada a buen término).
El machismo dentro de la canción:
Aquí quisiera plantear un tema a discutir, y les adelanto de una vez que no espero que tenga respuesta o solución. Me parece oportuno y necesario señalarlo: el machismo.
Vale, en la primera novela también era un elemento presente, pero aquí siento que ya es un fenómeno que se ha explayado por completo y quizá no de la mejor manera.
Esta saga presenta una contradicción curiosa. El autor propone personajes femeninos empoderados, que toman las riendas de su vida, que se rebelan contra el sistema, que son dominantes de su cuerpo y emociones, son fuertes, independientes, valientes y creíbles. El problema es que luego, ante todo, [desde su perspectiva de creador] las critica y descalifica.
Pongo el caso de Brienne, un personaje que ha ganado el derecho a pertenecer a la Guardia Arcoíris; esto gracias a sus increíbles habilidades, con las que ha superado en combate a cualquier otro caballero barón. Un personaje que dice NO a lo que se tiene en el consiente colectivo (inclusive actualmente) como “feminidad”. ¡Es una guerrera formidable! Pero entonces llega el libro y menosprecia y anula todas estas habilidades solo porque el personaje no es agraciado físicamente. ¿Qué carajos? Lo peor es que esta visión despectiva proviene de los ojos de otra mujer. Para colmo de males, su poco atractivo físico es remarcado innecesaria y constantemente.
También está Cersei. Fácilmente es la mujer más poderosa de Poniente. Su manipulación y estrategia llevó a que su hijo se sentase en el Trono de Hierro y ella ejerciera como Reina Regente hasta que su vástago cumpla la mayoría de edad. ¿Cómo es que con todos estos logros existan encima pasajes donde esta se lamente por no ser hombre, se auto-menosprecie y se crea menos?
Sí. Entiendo que muchos defiendan esta situación argumentando que Canción de Hielo y Fuego se basa estrictamente en (ciertas) ideologías y costumbres de la época medieval. Que de hecho Martin suele ser muy preciso históricamente respecto a bastantes detalles de la vida cotidiana de los siervos y señores de aquellos años. Que, en resumidas cuentas, el machismo era pan de cada día en el medioevo así que resulta realista incluir estos comportamientos denigrantes en la saga.
Es un argumento que tiene sentido… supongo.
Sin embargo, no siento que esto zanje el problema. Si como tema, en el subtexto, pretendes darle fuerza y valía a la mujer, entonces no las termines anulando como autor. No permitas que a pesar de todo el esfuerzo siempre recaigan en ser un saco carnal, plástico, superficial o servil. Esto es un machismo irónico: “respeto a la mujer y su derecho a liberarse, pero ojalá vuelva a la cocina”.
A ver, el problema no es que el sistema (la sociedad dentro de la novela) se imponga y aplaste a las mujeres, sino que de forma latente, el escritor (quizá implícitamente) las disminuya a través de un falso empoderamiento.
Vale, en la primera novela también era un elemento presente, pero aquí siento que ya es un fenómeno que se ha explayado por completo y quizá no de la mejor manera.
Esta saga presenta una contradicción curiosa. El autor propone personajes femeninos empoderados, que toman las riendas de su vida, que se rebelan contra el sistema, que son dominantes de su cuerpo y emociones, son fuertes, independientes, valientes y creíbles. El problema es que luego, ante todo, [desde su perspectiva de creador] las critica y descalifica.
Pongo el caso de Brienne, un personaje que ha ganado el derecho a pertenecer a la Guardia Arcoíris; esto gracias a sus increíbles habilidades, con las que ha superado en combate a cualquier otro caballero barón. Un personaje que dice NO a lo que se tiene en el consiente colectivo (inclusive actualmente) como “feminidad”. ¡Es una guerrera formidable! Pero entonces llega el libro y menosprecia y anula todas estas habilidades solo porque el personaje no es agraciado físicamente. ¿Qué carajos? Lo peor es que esta visión despectiva proviene de los ojos de otra mujer. Para colmo de males, su poco atractivo físico es remarcado innecesaria y constantemente.
También está Cersei. Fácilmente es la mujer más poderosa de Poniente. Su manipulación y estrategia llevó a que su hijo se sentase en el Trono de Hierro y ella ejerciera como Reina Regente hasta que su vástago cumpla la mayoría de edad. ¿Cómo es que con todos estos logros existan encima pasajes donde esta se lamente por no ser hombre, se auto-menosprecie y se crea menos?
Sí. Entiendo que muchos defiendan esta situación argumentando que Canción de Hielo y Fuego se basa estrictamente en (ciertas) ideologías y costumbres de la época medieval. Que de hecho Martin suele ser muy preciso históricamente respecto a bastantes detalles de la vida cotidiana de los siervos y señores de aquellos años. Que, en resumidas cuentas, el machismo era pan de cada día en el medioevo así que resulta realista incluir estos comportamientos denigrantes en la saga.
Es un argumento que tiene sentido… supongo.
Sin embargo, no siento que esto zanje el problema. Si como tema, en el subtexto, pretendes darle fuerza y valía a la mujer, entonces no las termines anulando como autor. No permitas que a pesar de todo el esfuerzo siempre recaigan en ser un saco carnal, plástico, superficial o servil. Esto es un machismo irónico: “respeto a la mujer y su derecho a liberarse, pero ojalá vuelva a la cocina”.
A ver, el problema no es que el sistema (la sociedad dentro de la novela) se imponga y aplaste a las mujeres, sino que de forma latente, el escritor (quizá implícitamente) las disminuya a través de un falso empoderamiento.
Como
en su día llegué a comentarlo, Canción de
Hielo y Fuego se sostiene por su argumento, no por sus personajes. Todavía
me sostengo en tal afirmación, pero la verdad es que este libro ahonda en
muchos de sus actantes. Conocemos el pasado trágico, traumático o entrañable de
muchos de ellos (como Ser Jorah y Varis); padecemos su sufrimiento (Catelyn o
Tyrion); o de lleno vemos cómo crecen al afrontar cada nueva aventura, peligro
y ganar nuevos aliados (Arya, mi favorita). Lo que sí se mantiene es que #JoffreyMereceAcupunturaConClavosAlRojoVivo.
A
estas alturas, la verdad es que se logra percibir que Martin imaginó esta
historia como algo mastodóntico. Difícil de domar, de sectorizar y de dividir.
Es por eso que el final de este libro llega como un parón semi-abrupto. No hay
cliffhanger, no hay epílogo, pero sí un “continuará…”. Tenemos un punto y
seguido que finiquita una peripecia (la Batalla de Desembarco del Rey)… una de
las tantas amparadas por un conflicto muchísimo más grande. En serio, que este
periplo no deja de sentirse menor cuando
imaginamos lo que está por llegar. Básicamente, este libro acaba porque el
autor consideró que 880 páginas ya eran demasiadas para el lector y para un
conflicto que no va ni por la mitad.
He
de confesar que Choque de reyes es un
libro del que esperaba más. Se tarda en arrancar, y el aporte de muchos
personajes es insignificante, por no mencionar que encuentro descarado de que
el autor cuente en lugar de narrar muchos acontecimientos importantes. Pero
bueno, tampoco es que estos fallos condenen la obra. Choque de reyes no deja de sentirse fascinante y poderosa. Me
asombra a cada nueva página cómo alguien pudo idear una historia de tal talante
y extensión. Ahora conocemos más de muchos de los personajes, por lo que
podemos encariñarnos más con ellos; el desarrollo y desenvolvimiento que tienen
además con los que les rodean es humano y poderoso; y todo el universo en el
que esta épica se desarrolla crece y evoluciona… esto último lo digo porque las
fronteras se han roto en muchos de los puntos cardinales, y porque la magia
comienza a renacer con un calor que estoy seguro que lo calcinará todo, cuando llegue
el momento, claro está. Una secuela sobresaliente, enriquecedora y que cumple.
Inferior al primer volumen, eso sí.
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